La publicación de Magnifica Humanitas, la carta encíclica de León XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, abre una reflexión especialmente relevante para América Latina: la gobernanza de la IA no dependerá únicamente de la recepción del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial —el denominado “efecto Bruselas”—, sino también de la capacidad de conectar sus principios con una cultura social reconocible, profundamente marcada por la tradición cristiana y por la centralidad de la dignidad humana.
La tesis de este artículo es que, en América Latina, la fe cristiana puede producir un efecto cultural más profundo que el efecto Bruselas para la aplicación real de los principios del RIA. Europa puede aportar categorías jurídicas, estándares técnicos y obligaciones regulatorias. Pero la fe cristiana, y en particular la doctrina social de la Iglesia, puede aportar un lenguaje moral capaz de hacer comprensible socialmente por qué la IA debe estar al servicio de la persona y no al servicio exclusivo de la eficiencia, la rentabilidad o el poder.
Esta afirmación no pretende sustituir el Derecho por religión ni convertir la regulación de la IA en una cuestión confesional. En sociedades democráticas y plurales, las normas sobre inteligencia artificial deben basarse en derechos fundamentales, garantías constitucionales, evidencia técnica, supervisión independiente y respeto a todas las convicciones. Sin embargo, sería ingenuo ignorar que la legitimidad de una norma no nace solo de su calidad técnica, sino también de su capacidad para dialogar con las convicciones culturales de las sociedades a las que se dirige.
Una fuerza cultural de alcance global
La dimensión de este fenómeno es difícil de subestimar. Según las estadísticas eclesiales publicadas por Fides y la Santa Sede, a 30 de junio de 2023 había en el mundo 1.405.454.000 católicos, es decir, más de 1.405 millones de cristianos católicos, alrededor del 17,8% de la población mundial. Esta cifra no convierte automáticamente una encíclica en norma jurídica, pero sí muestra la capacidad de un documento como Magnifica Humanitas para introducir una gramática ética global sobre IA, dignidad, poder digital y bien común.
En América Latina, esta influencia adquiere un significado particular. Aunque la afiliación católica ha descendido en varios países, los estudios recientes de Pew Research Center siguen mostrando que el catolicismo continúa siendo el grupo religioso mayoritario en países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, con porcentajes que se mueven aproximadamente entre el 46% y el 67% de la población adulta en los países analizados. La región es cada vez más plural, pero sigue conservando una matriz cristiana relevante en su lenguaje social, educativo, comunitario y político.
Por ello, cuando Magnifica Humanitas habla de dignidad humana, bien común, justicia social, solidaridad, subsidiariedad, límites al poder tecnológico y protección de los vulnerables, no utiliza un lenguaje extraño para América Latina. Habla desde categorías que ya forman parte de muchas instituciones educativas, comunidades, movimientos sociales, universidades, organizaciones profesionales y tradiciones constitucionales de la región.
El efecto Bruselas y sus límites
El efecto Bruselas describe la capacidad de la Unión Europea para proyectar sus estándares regulatorios más allá de sus fronteras. En materia de IA, el Reglamento Europeo puede influir en América Latina por dos vías: primero, porque las empresas globales adaptan sus sistemas a las exigencias europeas y pueden extender esos estándares a otros mercados; segundo, porque los legisladores latinoamericanos pueden tomar el modelo europeo como referencia para diseñar sus propias normas.
Esta influencia es positiva y debe ser aprovechada. El RIA ofrece una arquitectura jurídica sofisticada basada en el riesgo, con prohibiciones, obligaciones para sistemas de alto riesgo, transparencia, supervisión humana, gobernanza de datos, documentación técnica y protección de derechos fundamentales. Para los países latinoamericanos, puede servir como guía para evitar una regulación improvisada o excesivamente dependiente de intereses corporativos.
Sin embargo, el efecto Bruselas tiene límites evidentes. No basta con copiar categorías europeas para transformar la realidad latinoamericana. La región presenta desafíos propios: desigualdad estructural, brecha digital, informalidad laboral, menor capacidad institucional en algunos sectores, concentración económica, dificultades de supervisión pública, déficits de alfabetización digital y riesgos de que la IA sea utilizada sin garantías en ámbitos sensibles como educación, seguridad, salud, trabajo, crédito o servicios públicos.
Una regulación técnicamente correcta puede fracasar si no logra arraigar socialmente. Y ahí es donde la encíclica ofrece una clave decisiva: la IA no debe abordarse solo como una cuestión de cumplimiento, sino como una pregunta sobre el tipo de humanidad que queremos preservar.
Magnifica Humanitas: la tecnología no es neutral
La encíclica recuerda que la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica están transformando profundamente la vida cotidiana, los procesos de decisión y el imaginario colectivo. Afirma que son necesarios instrumentos normativos adecuados para salvaguardar la justicia y contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico, pero advierte que la cuestión no se agota en la regulación.
El documento plantea preguntas que resultan centrales para cualquier política pública de IA: quién detenta el poder tecnológico, hacia qué fines lo orienta, quién controla los datos, quién define los criterios de decisión, quién supervisa los algoritmos y quién responde cuando la automatización produce daños, exclusiones o discriminaciones.
Esta visión conecta directamente con el Derecho Digital. La IA no puede presentarse como una herramienta neutra cuando afecta al acceso al empleo, a la educación, al crédito, a la justicia, a la salud, a la seguridad pública, a la comunicación política o a la formación de la opinión pública. Los sistemas de IA incorporan decisiones humanas previas: datos seleccionados, objetivos de optimización, modelos de negocio, criterios de entrenamiento, umbrales de riesgo, reglas de gobernanza y formas de supervisión.
En este punto, Magnifica Humanitas refuerza una idea que el RIA también necesita para ser eficaz en América Latina: la protección de la persona no puede quedar reducida a una lista de obligaciones formales. Debe convertirse en cultura institucional, empresarial, educativa y ciudadana.
La fe cristiana como puente entre norma y sociedad
La doctrina social de la Iglesia ofrece un puente especialmente útil entre el lenguaje jurídico del RIA y las preocupaciones concretas de las comunidades latinoamericanas. Sus principios —dignidad inalienable de la persona, bien común, destino universal de los bienes, subsidiariedad, solidaridad, justicia social y desarrollo humano integral— permiten traducir la gobernanza de la IA a una pregunta socialmente comprensible: ¿esta tecnología hace más humana la vida de las personas o aumenta nuevas formas de dependencia, exclusión y dominio?
Por eso puede afirmarse que, en América Latina, el efecto de la fe cristiana puede pesar más que el efecto Bruselas en la aplicación real del RIA. El efecto Bruselas puede impulsar la recepción normativa; la fe cristiana puede ayudar a generar adhesión cultural. El primero empuja desde fuera mediante estándares regulatorios; la segunda puede operar desde dentro, activando una conciencia social sobre la dignidad humana.
Esto es especialmente relevante para cuestiones como la protección de menores frente a sistemas adictivos o manipulativos, la defensa del trabajo humano ante la automatización, la tutela de personas vulnerables, la protección frente a sesgos discriminatorios, la limitación de la vigilancia masiva, la prevención de la desinformación y la exigencia de que los datos no se conviertan en un bien apropiado exclusivamente por grandes plataformas.
Una aplicación latinoamericana del RIA con alma humanista
La convergencia entre el RIA y Magnifica Humanitas puede dar lugar a una agenda latinoamericana de IA más sólida. Primero, las leyes de IA deberían incorporar una justificación humanista clara, no limitada a competitividad o innovación. Segundo, las evaluaciones de impacto deberían analizar riesgos técnicos, pero también sociales, laborales, educativos, democráticos y comunitarios. Tercero, la supervisión humana debería funcionar como garantía real de responsabilidad, explicación, revisión y recurso.
Cuarto, la alfabetización digital debería entenderse como una exigencia de justicia social. No hay libertad real si las personas no comprenden cómo los sistemas digitales condicionan sus oportunidades, sus decisiones, sus relaciones y su acceso a derechos. Quinto, la gobernanza de la IA no debería quedar capturada por élites técnicas o económicas, sino abrirse a mecanismos participativos y controles públicos efectivos.
En este sentido, la fe cristiana puede ofrecer una ventaja cultural relevante: permite hablar de IA no solo desde el riesgo, sino desde la responsabilidad; no solo desde el mercado, sino desde el bien común; no solo desde la innovación, sino desde la protección de la vida concreta de las personas.
Conclusión: más allá de Bruselas, una voz propia para América Latina
El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial puede ser una brújula normativa para América Latina, pero Magnifica Humanitas recuerda que una brújula no basta si no sabemos hacia dónde queremos caminar. La región no debería limitarse a copiar modelos regulatorios; puede construir una voz propia, inspirada en derechos humanos, constitucionalismo democrático, doctrina social cristiana y experiencia histórica latinoamericana.
La fuerza de la encíclica está en desplazar el centro de gravedad del debate: de la tecnología a la persona; de la eficiencia al bien común; del cumplimiento formal a la responsabilidad moral; del poder algorítmico a la dignidad humana. En ese sentido, el verdadero motor de una gobernanza latinoamericana de la IA puede no ser únicamente el efecto Bruselas, sino una convicción más profunda y culturalmente arraigada: ninguna innovación es legítima si no ayuda a preservar y engrandecer la humanidad de todos.
Fuentes consultadas
Encíclica Magnifica Humanitas, del Santo Padre León XIV, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.
Reglamento (UE) 2024/1689 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 13 de junio de 2024, por el que se establecen normas armonizadas en materia de inteligencia artificial: https://eur-lex.europa.eu/eli/reg/2024/1689/oj
Comisión Europea, AI Act — marco regulatorio europeo de inteligencia artificial: https://digital-strategy.ec.europa.eu/en/policies/regulatory-framework-ai
Fides / Santa Sede, Estadísticas de la Iglesia Católica 2025: https://www.fides.org/en/stats
Pew Research Center, Religious affiliation in Latin America: https://www.pewresearch.org/global/2026/01/21/religious-affiliation-in-latin-america/
Anu Bradford, The Brussels Effect: How the European Union Rules the World: https://scholarship.law.columbia.edu/books/232/